Madre mía. Creo que es el post más difícil de escribir de todos. Han sido demasiadas cosas concentradas en tan sólo 12 días, pero voy a intentarlo.
El día 31 de agosto salimos bien temprano desde Madrid-Barajas con destino Luxor, más o menos a la mitad del país. Cinco horas y pico de vuelo. Menos mal que, al más puro estilo M.A. Barracus, me drogué para poder descansar un poco y soportar con dignidad la ansiedad que me provoca esto de montarme en un avión.
En Luxor empezaba nuestro primer crucero de 4 noches por el Nilo hacia Aswan. El Valle de los Reyes, el Templo de Luxor, el de Karnak, el de Kom Ombo, el de Filae, el de Edfu, el templo de Hathshepsut, los Colosos de Memnon, la visita a un pueblo nubio… Un orgasmo de sensaciones y sorpresas. Increíbles construcciones, grabados fantásticos, datos aprendidos curiosísimos,… todo muy diferente a cualquier cosa antes vista. Y todo esto rodeado de una gente muy amable que te hace la visita divertida y confortable. Tienes la sensación de que no somos nadie, y que la antigua civilización autóctona era magnífica. Perdonad si en algún momento os parezco un poco pedante con mis expresiones; es por culpa de que me cuesta encontrar los adjetivos apropiados para tales maravillas.
Tras este crucero, traslado a otro de 3 noches, que nos llevaría por el lago Nasser a una de las cosas más ansiadas en este viaje: el Templo de Abu Simbel, a tan sólo 20 kilómetros de la frontera con Sudán. Camino del destino tuvimos oportunidad de ver alguna cosa más muy interesante y de pisar el desierto, además de disfrutar de la piscina del barco. Pero todo se ve eclipsado por Abu Simbel. La llegada en barco fue espectacular, con el cóctel correspondiente en la cubierta del barco y la música a todo trapo para conmemorar la llegada al Templo. Allí, fotos y más fotos, y tiempo para observar con calma el poder de aquellas gentes. El espectáculo de luz y sonido nocturno, todo un lujo del que no se puede prescindir si visitas Egipto.
De allí a El Cairo combinando un viaje en bus demasiado largo y un vuelo de una hora. A todo el mundo le digo lo mismo. De El Cairo merecen la pena 3 cosas (a parte del Bazar, al que es inevitable ir): el Museo Egipcio (una puta maravilla), las Pirámides de Giza y la Esfinge (los pelos de punta sólo al recordarlo) y montar en un taxi (más peligroso que cualquier deporte de riesgo). 4 noches y creo que si llegan a ser 3 no hubiera pasado nada. Pero había que ver otras cosas, como la Pirámide Escalonada, el Barrio Copto o vivir la aventura de cruzar una calle cairota. La ciudad está muy descuidada y caótica, pero tiene su encanto.
Debo decir que el viaje ha sido perfecto, sin contratiempos y disfrutando de una organización exquisita. En cuanto a la comida y la bebida, teniendo un poco de cuidado con lo que tomas por la calle, no se tienen problemas digestivos.
Si alguno está pensando en ir alguna vez a Egipto, que no piense en el precio del viaje. Os cueste lo que os cueste será barato. Es un viaje de 10, y lo dice alguien que no estaba muy convencido del destino de este año.