Quizá la noticia ya no sea de actualidad, pero quería comentar un par de cosas acerca de la importancia que se le da en el mundo político a determinadas cosas.
Hace unas semanas estuvo por aquí el presidente de la República Francesa, el señor Sarkozy. Le acompañaba, como no podía ser de otra manera, su amada mujer Carla Bruni. Tampoco he sentido demasiado interés por el motivo de la visita del mayor representante del país vecino, pero no me lo han puesto fácil. Parece ser que era mucho más importante comparar a nuestra futura reina y a la primera dama gabacha en cuanto al físico se refiere. Que si el vestuario utilizado, que si el comportamiento ante el protocolo, que si quién tiene mejor culo de las dos… Y no sólo hablo de los programas de información rosa. En los informativos “serios” remarcaban estos aspectos muy poco interesantes para los acuerdos establecidos entre los líderes de ambos países.
Por otro lado, Berlusconi, el presidente del consejo de ministros de Italia, está en trámites de separación de su esposa, Veronica Lario. Todo ha venido porque Berlusconi llevaba en su lista electoral para las europeas a unas cuantas chicas guapas. Esto parece que no le sentó demasiado bien a su señora, y añadido a sus supuestos deslices ha desencadenado una polémica que ha llegado a la prensa y a un cruce de declaraciones impropi0 de un jefe de estado, Sí, estamos hablando de Berlusconi, pero tampoco deberíamos verlo normal.
De manera histórica, la presencia de la primera dama en países como Estados Unidos ha sido muy relevante. Pero ellos lo saben llevar.
En conclusión: por culpa de la prensa en el caso francés y por culpa de los protagonistas en el caso italiano, nos distraen con estupideces que ni nos van ni nos vienen. Los mal pensados dirán que lo hacen para desviar la atención del populacho sobre los verdaderos problemas, pero yo creo que es simplemente inoperancia profesional.